Sandra Carrasco y Paco Cruz : concierto en La Libre Flamenco

mardi 15 mai 2018 par Mario Herrero

Sandra Carrasco (cante) / Paco Cruz (guitarra) : ciclo La Libre Flamenco - La Libre del Barrio, Leganés, 13 de mayo de 2018.

Empezó ella sola con los cantes de la fragua. Con esa voz que tiene tan limpia, tan clara, tan brillante, tan versátil. Era fácil que se desarrollara un clima íntimo de esta manera, en un concierto reducido, íntimo, que era, además, el primer concierto de Sandra Carrasco después de ser madre. En cuanto vibró su voz por primera vez, tan cerca, tan real y personal, la magia ya se había creado.

Recomiendo a todo el mundo ir siempre a este tipo de conciertos ; en salas más reducidas, con sonido natural, en las que el artista está cerca, y se le ve accesible, humano, auténtico. Sale del escenario y lo tienes ahí, en frente. No se te olvida que es una persona de carne y hueso, captas en todo momento sus reacciones, sientes sus emociones. Se forma una conexión especial. La cantaora hace bromas con el guitarrista, el señor del público puede decir algo, los oles llegan de primera mano.

Es cierto que el mega-escenario, el teatro abarrotado, también tiene algo especial, genera emociones diferentes. Cada cosa tiene su punto. Como público, sin embargo, me quedo con los conciertos íntimos. Adoro esa realidad de la música, esa igualdad. Los ciclos de La Libre Flamenco en La Libre del Barrio en Leganés tienen este carácter, y estaba claro que con Sandra Carrasco iba a ser así especialmente. Porque ella es así también, cercana, real. Explica lo que hace y por qué lo hace y sus palabras no están vacías, no habla por hablar, con el piloto automático puesto. Realmente está explicándose, sabe lo que canta y por qué lo canta, de dónde viene y a qué se debe lo que hace, y sabe hacérselo ver al público hablando y explicándose de tú a tú y sin complejos. Sandra Carrasco forma parte de esa generación de cantaoras jóvenes y de voz limpia y personal y registro amplio y en eterna búsqueda (Estrella Morente, Marina Heredia, Rocío Márquez etc.) que tanto inspira a las chicas que empiezan a cantar y que tanto bien ha hecho (al margen de a quien le gusten más o le gusten menos) a la hora de difundir y representar el flamenco. Es una responsabilidad la que tiene con el flamenco, y ella lo sabe. Porque es, además, una de esas cantaoras contemporáneas que se preocupan y se forman a todos los niveles, que lo mismo te maneja conceptos como armonías u orgánico que te rescata cantes de Canalejas de Puerto Real o María La Sabina. Tiene ese perfil de estudiante de Cristina Heeren (la famosa escuela de Sevilla, donde estudió Rocío Márquez, y la propia Sandra Carrasco durante un año) preocupada por saber, por completar su conocimiento, por seleccionar e interpretar cantes y letras flamencas y a la vez por ampliar las posibilidades de su voz. Su voz, por cierto, tan enriquecida por su paso por otras músicas, con movimientos jazzeros, y con subidas y bajadas que se agradecen mucho en el cante flamenco, que siempre es expresivo y cambiante, pero que, en general, suele cambiar más de intención que de volumen, y a veces se echa en falta esa dinámica tan clara y musical que nos ofrece Sandra.

Al segundo cante se incorporó Paco Cruz, habitual en Casa Patas o El Corral de la Morería. Hicieron unas alegrías de La Perla. Soniquetazo del guitarrista, que se maneja con pellizco y soltura en el compás, con gusto y atención en el acompañamiento ; empleó recursos tradicionales (más modernos en lo rítmico) que supieron a flamenco de principio a fin. Fue bonito ver cómo no perdían el flamenco a pesar de todas sus influencias y avances. Hubo un momento, de hecho, en el que Sandra Carrasco anunció que su próximo disco iba a ser sólo de flamenco, y fue una grata noticia, ya que con este tipo de voces puede ocurrir fácilmente que las discográficas y los programadores quieran hacerlas caer en la comercialidad, y acaben alejándose poco a poco. Con Sandra Carrasco, por lo que veo, ha ocurrido un poco al revés, ha publicado ya tres discos no flamencos (con alguna pincelada o detalle, como ella misma dice, pero no flamencos) y ahora va a sacar la artillería jonda en el siguiente.

Deseo, de todas formas, que interprete y cante lo que ella quiera y con lo que ella disfrute, porque si esa maravillosa voz y esa inquietud la llevan a moverse en diferentes mundos musicales, adelante con ello. Aunque no cantó nada de eso en este concierto, sus versiones personales de temas conocidos (Fever, Eu sei que vou te amar, Resistiré) son una aportación preciosa y valiente y que seguro que va a acompañarla siempre.

Pero no negaré, sin embargo, que me encanta que el siguiente disco sea completamente flamenco, y que tengo ganas de ver con qué nos sorprende.

Remató la primera parte con unas tarantas de Linares de su maestro Paco Taranto, y finalmente por bulerías, y aquí pudimos ver la amplitud de sus registros, de los tonos que puede alcanzar su voz, su dulzura, su susurro que sube y golpea con contundencia pero que luego vuelve a susurrar y a enamorarte perdidamente, y lo mismo puede decirse de Paco Cruz, que va con ella siempre en el acompañamiento, que la arropa en todo momento, belleza cuando toca belleza, guerra cuando toca guerra. Fue una tarde viva llena de cantes vivos y de una emoción cambiante, tal y como propician estos ambientes, y más en el flamenco.

Después de unos tientos-tangos, destacó especialmente la interpretación de la granaína, interrumpida antes de comenzar el cante por el lloro de su hija Candela (por cierto, fue un llanto increíblemente afinado y encajado musicalmente con la llamada de la guitarra, o sea que la muchacha promete). La granaína, como las tarantas, habría dado pie fácilmente a que Sandra Carrasco se recreara en la hermosura de su voz, en la musicalidad más amable. Sin embargo, tiró de raza y de rabia y nos introdujo en uno de esos momentos que arrancan oles de entusiasmo, por lo sorprendente, lo vivo y lo apasionado.

Tras otras pedazo de bulerías, no podían faltar, cómo no, unos fandangos de Huelva, palo que mejor conoce y en el que mejor se desenvuelve la cantaora. Comenzó con unos fandangos naturales y después llegó el ritmo, los giros coloridos de la voz, la música que quita las penas, el público que pide bis, pero no lo hay, la niña los reclama (otro momento real como la vida misma).

Por muchos momentos así, de una cantaora consciente de su responsabilidad con el mundo del flamenco y de la música, esperemos que ese siguiente disco, y los que vengan, sean todo un éxito.

Mario Herrero, 13 de mayo de 2018

Fotos : Paco Lega





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