Bienal de Flamenco de Sevilla 2010

Últimos días: del 2 de octubre al 9 de octubre

Jueves 7 de octubre de 2010 por Manuela Papino

"Concierto de clausura"

9 de octubre / 20h30 / Teatro Maestranza

Guitarra: Paco de Lucía

Cante: David Maldonado, Duquende

Bajo : Alain Pérez

Percusión : Piraña

Segunda guitarra : Antonio Sánchez

Armonica : Antonio Serrano

Baile : Farruco

Paco es Paco

La clausura de la Bienal, que descansaba en los hombros de Paco de Lucía, era todo un acontecimiento que acabó por sobrepasar a Sevilla y a la Bienal. Los rumores dicen que las entradas se revendían a más de 500 euros. Lo cierto es que el teatro Maestranza estaba más que completo.

Nada más pensarlo, la excitación y la emoción se iban apoderando de cada uno de nosotros. Cuando llegó al escenario, un poco nervioso por encontrarse frente al público sevillano, fue una verdadera ovación general la que le acogió. " Dios te bendiga Paco ", " Te queremos maestro " y otros testimonios de ternura y respeto se escucharon durante todo el espectáculo. Acompañado por sus músicos irreprochables, propuso un concierto en dos partes, acabando por supuesto con una " nueva versión " de " Entre dos aguas ".

La presencia de El Farru al baile fue demasiada presuntuosa: se impuso levantando los brazos varias veces, buscando unos aplausos forzados,y colocándose delante del escenario en lugar de inclinarse delante del maestro. A cambio, la participación de El Carpeta al final del espectáculo, invitado con insistencia por Paco mismo, fue no sólo divertida sino también pertinente y repleta de arte " (lo que Paco subrayó empujándole en primer plano para que saludara al público).

Gran momento de emoción, y gran momento de respeto: un concierto de Paco es siempre un momento muy especial ya que lleva a la vez una parte importante de la historia del flamenco, una memoria nostálgica de Camarón (gracias a Duquende aquella tarde, y sobre todo a David Maldonado quien tiene un "quejío" que evoca el de Camarón), y una sinceridad y un profesionalismo incomparable.

¡Gracias a Domingo y gracias a su equipo!

Manuela Papino

Fotos: Luis Castilla / Archivo Fotográfico Bienal de Flamenco


"Bailar, vivir. Suite flamenca para bailaora y compañía"

8 de octubre / 21h / Teatro Lope de Vega

Baile : La Moneta

Cuerpo de ballet : Raimundo Benítez, José Galán, David Córdoba

Guitarra : Miguel Iglesias, Paco Iglesias

Cante : David Sánchez “El Galli”, Miguel Lavi

Percusión : Miguel El Cheyenne

Artista invitado : Diego Amador

La magnífica Soleá flamenca de Fuensanta “La Moneta”

Fuensanta “La Moneta” quería “bailar, vivir” en esta edición 2010 de la Bienal. La primera parte de su espectáculo, llena de “dudas”, “claro oscuro”, “en cruz” y de”intenciones”, tuvo mucha dificultad para convencer al público. El primer cuadro, que presentaba una composición coreográfica contemporánea, fue sin embargo expresivo, bien sonorizado, y dejaba presagiar un tono nuevo, que nos disponíamos a aceptar con curiosidad.

En un solo austero, La Moneta supo lucirse, utilizando el cuerpo de baile como un verdadero mensaje visual. Los tres hombres agrupados se solidarizaban, mientras ella bailaba en medio, encarcelada por estas murallas humanas: un trabajo coreográfico juicioso y sobrio, una interesante introducción al espectáculo. Desgraciadamente, todo se estropeó muy rápidamente. El cuerpo de baile masculino se reveló amanerado, sin fuerza ni presencia, en un largo Martinete, que agotó la paciencia del público estupefacto. Siguió una Petenera en dúo con castañuelas, y, una vez más, la pareja de La Moneta cansó al auditorio. Demasiada dramatúrgica, la Petenera provocó algún “toca madera” en el público, con un tono que no carecía de humor: el talento de Moneta se hacía esperar... La levedad de esa Petenera que habría debido, por su profundidad, servir el baile poderoso y expresivo de Fuensanta, se prolongó por un solo de un segundo bailaor igualmente soso y decepcionante.

Llegó el Taranto, y no fue fácil apreciar el baile, disimulado por un vestido sobrecargado de volantes, y recubierto con un delantal que rompía desdichadamente la línea. Afortunadamente, ejecutó un remate prolongado que nos recordó su potencial. El "silencio" no careció de los "pellizcos" que marcan su personalidad artística, y fue cuando el Taranto pasó por Tangos que el traje se volvió por fin adecuado y el baile explosivo. ¡ Por fin!

Diego Amador rompió oportunamente la monotonía de los músicos, que tampoco habían conseguido asumir su papel desde el principio del espectáculo. Haciendo cuerpo con su piano, tocó algunas notas con la mano derecha, antes de viajar en un ambiente que aparecía salir de un dibujo animado, (en el mismo momento de la llegada de la bruja), volviendo luego a su universo habitual, el del piano flamenco gitano. Desgraciadamente, el cuerpo de baile reapareció demasiado rápidamente, acompañando Moneta con una bata de cola leopardo.

En una versión de "La Salvaora", cantada con delicadeza por Diego Amador, con su voz gitana llena de contrastes, casi tuvimos que cerrar los ojos para dejarnos invadir por la música, de lo pobre que resultaba el visual del cuerpo de baile . La Moneta bailó sin embargo magníficamente con su mantón inmenso. Los "flecos" dibujaban volutas en el aire, y disimulaban un poco a los tres hombres perdidos. El Fandango que siguió fue otra prueba, fundiendo ambos cantantes, como fantasmas, en la negrura del escenario.

Eso era sin contar con la Soleá. Fuensanta hizo una entrada espléndida, cruzando todo el escenario. Con moderación y fuerza a la vez, en una lentitud totalmente controlada y acentuada por su mirada profunda, empezó una Soleá muy flamenca. ¡ Fue grandioso! Nada más que por este baile valía la pena acudir al teatro. Este momento hizo todo el espectáculo. Cautivó a todo el público, por fin entusiasta y subyugado. Volvía en esta Soleá la magnífica bailaora de Granada, su carisma y la fuerza de su taconeo, y sus "pellizcos" de cuerpo se expresaban por fin en toda su amplitud. La conclusión por Bulería con el cuerpo de baile, que, privado de sus brazos (la coreografía se contentaba con percusión de pies), se hizo por fin homogéneo, permitió acabar el espectáculo con brío.

¡Que baile la Moneta, sí, más y más ! Pero sin este cuerpo de ballet por favor...

Manuela Papino

Fotos: Luis Castilla / Archivo Fotográfico Bienal de Flamenco


"An ca’ Paula"

8 de octubre / 21h / Teatro Central

Cante: Manuel de Paula

Cante : José Valencia, Anabel Valencia, Juan Muruba, Manuela Jero

Guitarra : Paco Cortés, José Luis Medina

Baile : Manuela Ríos, Ramón Martínez

Palmas y baile : Juan Diego Valencia, Manuel Valencia

Artista invitado: El Pati

Después del espectáculo de Moneta, la noche se prolongaba con un recital de Manuel de Paula. Nos fue imposible llegar a tiempo al teatro: La Moneta había empezado con retraso, y un maratón nocturno había sido organizado en los alrededores de Teatro Central: resultaba difícil entonces relatar el contenido.

El fin del concierto fue en todo caso simpático, y los artistas de Lebrija y sus compañeros se divirtieron mucho en el escenario, ofreciéndole al público la sinceridad y el calor de las familias reunidas. El Funi, enfermo, fue reemplazado por El Pati. José Valencia se distinguió con su holgura habitual.

Un espectáculo que esperábamos en el hotel Triana, y que nos sorprendió ver en el Central, reservado habitualmente a las creaciones de los jóvenes artistas confirmados y a las "experimentaciones" arriesgadas de los más antiguos.

Manuela Papino

Fotos: Luis Castilla / Archivo Fotográfico Bienal de Flamenco


"Raíces del alma"

7 de octubre / 21h / Teatro Lope de Vega

Cante: Esperanza Fernández

Guitarra : Miguel Ángel Cortés, David Carmona

Piano : David Dorantes

Palmas y coros : José Manuel Ramos, Juan San Juan, Jorge Aguilar

Esperanza sin raices... ?

Mientras el director de la Bienal recordaba que " este año, el cante tenía un sitio privilegiado, ya que el tema de la Bienal era " voz en vivo ", Esperanza declaraba que justamente, en este espectáculo titulado “Raices del alma”, había querido dar una gran importancia a sus raíces flamencas.

Sin embargo, solamente la mitad del recital de Esperanza Fernández tuvo que ver con el flamenco. Por supuesto hubiéramos podido aceptarlo, ya que, como ella misma lo declaró, puede " cantar lo que le gusta, porque un artista es libre de proponer lo que quiere ". Sin embargo, hubiera hecho falta que fuera irreprochable para salir así del repertorio flamenco, en una Bienal que se quiere " el escaparate más grande y mundial de este arte ". Y no fue el caso.

Comenzó a capella con la " Nana de los luceros ", sin conseguir transmitir todo el carisma que se le conoce. El público, que le era manifiestamente adquirido, fue paciente durante la Soleá, homenaje a Fernanda y Bernarda, que quedó muy monótona. Aliviado cuando al llegar la "Siguiriya", introducida por Miguel Ángel Cortés, el público pensó poder respirar por fin asistiendo al recital magistral que Esperanza había anunciado. Demostró aquí toda la amplitud de su técnica vocal, dominando el aire con facilidad, y utilizando a la perfección su sello tan particular de voz.

Desgraciadamente hubo que contentarse con este momento, porque el resto fue de mal en peor: desde la "Salve Macarena" sin emoción, pasando por las Cantiñas sin brío - sin embargo muy bien acompañados por ambos guitarristas - hasta una versión insoportable de “My funny Valentine”, sin color ni voz, en la cual le costaba afinar, faltando a Billie Holiday y Ella Fitzgerald, a las que había citado sin embargo en la rueda de prensa como dos mujeres de referencia para ella. A partir de este momento, perdió su auditorio. Aceptamos con cortesía, desde luego, a su "Manolo Reyes" (cuplé por Bulería ilustrado antaño por Niña de los Peines), uno de los temas de su último disco.

Dorantes, artista invitado, no pudo salvar nada. ¿ Pero qué pasó?

Manuela Papino

Fotos: Luis Castilla / Archivo Fotográfico Bienal de Flamenco


“Cuando yo era…”

5 de octubre / 21h / Teatro Maestranza

Baile: Eva La Yerbabuena

Cuerpo de ballet: Mercedes de Córdoba, Eduardo Guerrero, Fernando Jimenéz

Guitarra: Paco Jarana, Manuel de la Luz

Cante: Pepe de Pura, Jeromo Segura, Moi de Morón

Percusión: Manuel José Muñoz “El pájaro”, Raúl Domínguez

“Me cuesta mirar al futuro, prefiero vivir el momento presente " declaraba Yerbabuena, " lo único que deseo, es que el espectáculo no deje indiferente".

Oímos muchas veces una conversación empezando por " Yo, cuando era " y así es como Eva construye la trama de su espectáculo, añadiendo " bueno, si lo pensamos, no tiene mucho sentido…". Los primeros minutos del espectáculo anuncian, en resumen, la mayoría de los temas que constituirán las diferentes partes desarrolladas más tarde: desde la guerra civil española, pasando por la Feria o el Carnaval, hasta las interrogaciones que les conocemos a la bailaora, como la angustia, la soledad o la melancolía. Así resume en una frase su preocupación del momento, “¡Qué destino nos ha tocado vivir!”

Ilustrando su intención en una puesta en escena muy bella de Juan Ruesga, presenta el primer cuadro en el cual la arcilla simboliza este presente que está creando el futuro, con sus conjunciones culturales, sociales, artísticas y políticas, sus momentos de silencio y sus arriesgados. Este primer solo propone una gestual contemporánea que está por fin integrada en su baile, combinando con los taconeos poderosos y seguros que le conocemos: una aparente sencillez que denota un trabajo perfecto. Bailando delante de un torno de alfarero, el movimiento muy hermoso de la vasija en tierra, todavía mojada, se transforma al sonido de la música, y es descalza que la bailaora desarrolla un solo que desgraciadamente no irá hasta cubrirla completamente de tierra y agua, (como lo dejaba pensar la foto ambigua del programa), dejándonos con un baile inconcluso que sin embargo, desde el principio, nos había fascinado. Acabó esa presentación con una Malagueña magnífica, cantada por Pepe de Pura.

Vino el cuadro de la Feria, iniciado por el cuerpo de baile con un solo perfectamente ejecutado por Fernando Jimenéz. Evocando a Charlie Chaplin, como para señalarnos el camino de la parodia, el bailaor no vaciló en ponerse una nariz roja de clown, ilustrando la rumba "el payaso”, ejecutando los gestos del mismo Charlot. Este cuadro se prosiguió por una juerga que se desplazó poco a poco en el espacio y en el ritmo, para dejarle sitio a Eva, bailando delante de unos espejos deformantes, un cante por Tangos de Málaga, entrecortados, que provocaron un efecto a la vez intrigante y angustioso. Entraron entonces los Tangos de Triana, y, la cara cubierta con un polvo blanco, dando la impresión que se había convertido en una " vieja de Triana ", la Yerbabuena imitó en su baile a la perfección las expresiones típicas de este estilo antiguo, incorporándolos a su propia técnica tan perfecta. Fue muy impresionante y lleno no sólo de sutileza, sino también de genio gracias a su ejecución coreográfica. La dirección musical de Paco Jarana es particularmente meticulosa y delicada en este espectáculo: el concepto musical restituye perfectamente los diferentes ambientes, tan profundamente heteróclitos.

La demostración perfecta de esta técnica al servicio de la interpretación consensual no se quedó así. En un dúo que incluía baile africano, contemporáneo, indio y desde luego flamenco, con campanillas en los pies, ambos bailaores del cuerpo de baile se lucieron en una "pelea de gallos", antes de pasar a otro universo, el del Carnaval. Unos cantos de la provincia de León se mezclaron con maniquíes gigantes del carnaval, brujas y otro bestiario, y la Yerbabuena empezó a bailar en medio de estos monstruos, el folklore mezclado de Fandangos, cantados por Jeromo Segura.

El final del espectáculo repitió el tema de la arcilla. Fue entonces inevitable pensar en Camille Claudel cuando Eva se echó a bailar un solo que provocó un sentimiento trágico, directamente sumergido en la locura. El torno de alfarero se volvió a poner en marcha. El principio se parecía al final. Así como el mismo ciclo de la vida, eterno reanudación, recordando que el destino no es un círculo sino bien una espiral, la vasija de arcilla, esta vez rota, giró un poco más, hasta que una sábana blanca, tal un fantasma, se echó a arremolinarse por encima de las cabezas, como una espada de Damoclès anuncia a veces el fin inminente.

Un espectáculo quizás un poco denso para poder apreciar plenamente la esencia del arte, pero muy profesional en todos los aspectos.

Manuela Papino

Fotos: Luis Castilla / Archivo Fotográfico Bienal de Sevilla


"Al compás de Soler"

7 de octubre / 23h / Teatro Central

Baile: Rafael Campallo

Artistas invitados : Juan José Amador, Antonio Molina “El Choro”

Cante : El Londro

Guitarra : Juan Campallo, Jesús Guerrero

Percusión : José Carrasco, Antonio Montiel

Palmas : Bobote

Rafael Campallo rindió un verdadero homenaje al maestro Soler, en el cual fue contundente. Todo el espectáculo giraba en torno a la percusión, " verdadero argumento del espectáculo ", declaró el mismo bailaor.

Presentándose con evidencia con un vídeo, muda, donde se veía a Manuel Soler bailando, así se inició el espectáculo: una hora de emoción y de talento que no dejó de cautivarnos. Con un solo de Rafael Campallo al cajón, introduciendo poco a poco el taconeo, el ambiente creó una intensidad que estalló con una Bulería impresionante, en la cual el bailaor no ahorró ni su talento, ni su convicción, ni su sudor.

En la Siguiriya, dio una gran lección de percusión, sin olvidarse sin embargo de la estética corporal de su baile, fluida, fina y estilizada. Los remates se hicieron de repente discretos, esperando con respecto la invitación del cante de El Londro.

Aquella noche, no se bromeaba con el compás … Campallo comenzó a dialogar con las diferentes percusiones, llegando a una velocidad excepcional. De repente la pantalla se volvió a encender, y fue con nostalgia y ternura, cuando Rafael reprodujo al idéntico el baile del maestro Soler en la pantalla, por Martinete, acompañado por su cómplice al cante, Juan José Amador.

La serie de sorpresas acaba solamente de empezar: un delicioso trío de palmeros se había creado, formado por Bobote, Antonio Molina "El Choro " y el mismo Rafael Campallo. Demostraron sin falla lo que significaba " tocar las Palmas": compás y velocidad sobrepasan el entendimiento, y el ritmo invadió la sala hasta provocar, una vez más, la fascinación del público. Vinieron luego las Alegrías, bailadas por "El Choro". No romper de repente el nivel del espectáculo, manteniéndose a la altura de la prestación se revelaba entonces el verdadero desafío que Antonio Molina asumió muy dignamente.

Campallo tomó el relevo, bailando una Farruca anunciada como " muy particularmente dedicada a Manuel”. Se vistió con el mismo traje que a Soler le gustaba ponerse, e, inspirado por el respeto que le lleva al maestro, dio a veces la impresión de que era el mismo Soler el que estaba en el escenario. “Se me fue mi compañero del alma, lo echo de menos” clamaba la letra, “es una grieta en la vida”. En la Bulería final, las percusiones de José Carrasco al cajón, y las de Antonio Montiel a la batería, abrieron la vuelta del baile más tarde, y fue cuando Campallo se expresó una vez más con fuerza e inspiración: una Bulería que no careció de pellizco ni de gracia.

Los últimos momentos del espectáculo fueron sin duda alguna los más emocionantes. Manuel Soler reapareció en la pantalla, y Campallo se puso a tomar una verdadera lección de baile con el maestro. Se secaba los ojos sin parar, y no se podía distinguir si eran lágrimas o sudor los que chorreaban sobre sus mejillas, tanto que no pude resistir y se lo pregunté después; y me respondió brevemente, para no perderse otra vez en la emoción: " un poco de los dos… “dijo con voz baja.

Manuela Papino

Fotos : Luis Castilla / Archivo Fotográfico Bienal de Flamenco


"150 gramos de pensamiento"

6 de octubre / 21h / Teatro Central

Baile : Rafaela Carrasco

Baile y dramaturgia : David Coria

Cante : Antonio Campos

Guitarra : Juan Antonio Suárez Cano, Jesús Torres

Violoncelo: Juan José Luis López

En la rueda de prensa, Rafaela Carrasco no nos había convencido. Sin embargo nos acordábamos de la joya, “Vamos al tiroteo”, que presentó en la última Bienal, y por eso, el público estaba totalmente entregado. " 150 gramos de pensamiento " (título de este año), sugería una interpretación ambigua en la cual, sin embargo, yo no quería caer con malicia. Efectivamente no tenía doble sentido, sencillamente, una cocina, una receta, algunos ingredientes: la comida se anunciaba un poco rara.

La salsa de Rafaela Carrasco se estropeó...

Cinco limones por Farruca, una cola de pez por Bulerías, 150g de azúcar por Cantiñas, una pincelada de sal con trémolos, el chantillí para acabar con los Abandolaos: ¡ A comer!

No estuvimos lejos de la indigestión … Rafaela Carrasco anunciaba un espectáculo "sutil", era soso. Al principio fue difícil de digerir la Farruca, acompañada por el magnífico violoncelo de Juan José Luis López - Farruca que sin embargo, al principio, prometía mucha profundidad, y " rarezas a la Carrasco " que nos se gustan tanto. Ni el Tango argentino, que no era técnicamente asimilado, ni el " Todo es color " de Lole, ni las Cantiñas coreografiadas por Manuel Liñan - que daban la impresión de un último combate de Rafaela con su propio baile – consiguieron hacer la salsa. La bata de cola se puso en los pliegues de los pantalones que llevaba por debajo... ¡ Y qué decir del sonido defectuoso qué perjudicó a todo el espectáculo! El micro del bailaor (David Coria, encargado de asumir la parte dramatúrgica) se derrumbó sobre el suelo, y el baile siguiente acabó de pisotearlo lamentablemente hasta romperlo en pedazos. Cano, en medio de una falseta de Alegría, fue víctima de un larsen que nos hizo el efecto sonoro de una bomba. Luego fue Rafaela la que perdió su micro...

Un espectáculo que hay que olvidar rápidamente, esperando tranquilamente al siguiente …

Manuela Papino

Fotos : Luis Castilla / Archivo fotográfico Bienal de Flamenco


"Vaivenes"

4 de octubre / 21h / Teatro Lope de Vega

Baile, coreografía, dirección artística: Javier Barón

Guitarra: Javier Patino, Rafael Rodríguez

Cante: Miguel Ortega, José Valencia, David Palomar

Tres cubano: Raúl Rodríguez

Violín: Alexis Lefèvre

Cajón: José Carrasco

Baile: Ana Morales, El Choro, David Pérez

Javier Barón centró su espectáculo " Vaivenes " sobre un viaje muy corto, desde Alcalá, su pueblo natal, hasta Morón de la Frontera donde frecuentó las famosas fiestas de los "Llorones" durante su juventud.

Aunque Barón afirma que " no existen personajes en este espectáculo ", podemos reconocer algunas figuras de esa época, como por ejemplo El Funi y sus famosos " bailes ", evocado por David Peréz en una parodia por Bulerías. El espectáculo nos sumerge de repente en los años 1960, a través de los trajes y del decorado, sobrio, que bastan para restituir el contexto de esa época. Durante esta primera " juerga ", cada artista encuentra la oportunidad de presentarse, llevando al mismo tiempo la dramaturgia con habilidad.

David Palomar desarrolla el papel del Poeta de Alcalá, y Carmellilla Montoya anuncia enseguida el tono, alternando baile y cante. Los tres jóvenes bailaores, Ana Morales, David Peréz y Antonio Molina " El Choro " representan los jóvenes de esa época: cada uno de ellos tendrá a lo largo del espectáculo, la oportunidad de lucirse. Barón no quiso imponerse como estrella, prefiriendo rodearse de músicos y bailaores de gran talento, todos al servicio de este espectáculo que le hacía tanta ilusión.

La estructura interna del espectáculo se articula alrededor de cuatro partes que seccionan una misma Soleá de Alcalá, que baila Javier Barón en solo. Ofreciendo líneas muy esbeltas en esta Soleá, Barón recorta no sólo el baile, sino que también subraya esta estructura gracias a la luz, bailando cada parte debajo de un foco que se desplazará durante cada momento. La primera parte de la Soleá se para después de tres de Letras, sin cierre ni transición. Proseguirá más tarde con la primera escobilla, allí dónde lo había dejado, al final del marcaje.

La Siguiriya, bailada por los tres hombres, Barón, Peréz y Molina se impuso como una gran lección de compás, recordándonos el último espectáculo de Barón en la última Bienal. Cada uno de los bailaores acompañándose con un "bastón", no faltaron ni fuerza, ni precisión, ni complejidad: una demostración en trío que sólo se ve muy excepcionalmente.

Varios vídeos de corta duración, cada uno colocado después de una parte de Soleá de Barón, proponían imágenes de las ventas que se encuentran sobre el camino, entre Alcalá y Morón. Acompañados por una grabación sonora, se revelaba como un verdadero guiño que debemos a la dirección musical de Faustino Nuñez (por ejemplo " La carta a Elisa " que a Diego Del Gastor le gustaba tanto tocar en esas fiestas).

Otra investigación musical sutil, la utilización del tres cubano, particularmente en el Fandango de Scarlatti, recordando la sonoridad del clavecín, (tres cubano que se podía escuchar ampliamente en el grupo Son de Frontera, y que Raúl Rodriguez utiliza aquí, una vez más, a la perfección.)

La mejor ilustración fue sin duda alguna en la Guajira, homenaje a Joaquín de la Paula, cantada por Miguel Ortega, con una fiel falseta del Cabeza, una melodía magníficamente interpretada por Alexis Lefèvre al violín y un dúo de percusiones entre José Carrasco al cajón y "El Choro " taconeando, que subyugó alegremente a todo el público.

Vinieron luego los Panaderos, bailados magistralmente por Ana Morales y David Pérez, una espléndida demostración de Escuela bolera a la que no faltaban las castañuelas, ni el toque "moderno" asumido por el violín. Otro gran momento de la noche fue la Farruca de Javier Barón, acompañada por Alexis Lefèvre y Raúl Rodriguez, fluida, delicada y segura a la vez, gracias al sonido del violín rumano y al clavecín clásico.

Un toque final de humor, con los Tanguillos se dio con el conjunto de los artistas, vestidos con un delantal de panadero (en homenaje a Álcala), y vimos a un Javier Barón feliz, contoneándose al compás de uno rodillos de pasteleros. Pensábamos que el espectáculo se terminaría así, pero escuchamos una magnífica Saeta de José Valencia, que nos llevó así definitivamente a nuestro destino. El verdadero " fin de fiesta " se inició con David Palomar, manejando el típico " pañuelo de Morón ", el cual rindió homenaje a Diego del Gastor.

" Diego, te estamos recordando, a tu sobrino Luis, y a tu cuñado Fernando ".

Manuela Papino

Fotos: Luis Castilla / Archivo Fotográfico Bienal de Flamenco


“La niña mimada de Sevilla”

3 de octubre / 23h / Teatro Central

Baile : Isabel Bayón

Cante : David Lagos, Miguel Soto “El Londro”

Guitarras : Jesús Torres, Paco Arriaga

Percusión : José Carrasco

Verdadera " niña mimada de Sevilla ", a la bailaora Isabel Bayón siempre le dan un sitio en la Bienal. Esta vez, presentaba en estreno, “En la horma de tus zapatos”. La primera parte contaba con tres coreografías basadas en el poema de Miguel Hernández - "Por tu pie, blancura más bailable" – cuyos versos estaban escritos con tiza sobre una pizarra, en el fondo del escenario. Tres coreógrafos se habían encargado de desarrollar este trabajo : Fernando Romero, Florencio Campos y Rubén Olmo. El primero, también director del espectáculo, le montó una coreografía en la cual los temas del poema, el vestuario, y la escenografía se colocaban poco a poco, acompañada de una cinta sonora que da la impresión de que, efectivamente, se está escribiendo con una tiza sobre una pizarra en los camerinos.

El baile, lento, recortado, juega con una bata de cola colocada en una silla. Bayón desarrolla un trabajo de brazos para acabar paradójicamente con una serie de posturas, que el mantón, como si de una camisa de fuerza se tratara, la deja sin brazo ni mano. Una pista de trabajo realmente interesante que no encontró sin embargo mayor desarrollo. La segunda coreografía, por Guajiras, a cargo de Fernando Romero, parecía más limitar a Isabel Bayón que sublimarla. De repente, todos los elementos, apenas introducidos en el espectáculo, dejaban sitio a un abanico muy pequeño - típico del baile por Guajira - que no consiguió imponerse aquí como se debe. La tercera coreografía, la de Rubén Olmo, volvía al tema inicial, ilustrando el mismo título del espectáculo : los zapatos (de los maestros). Más "moderna", la coreografía llevaba a la bailaora a un terreno nuevo, y, si hay que saludar a la idea, corriendo el riesgo de interpretar un estilo que no es el suyo, fue muy difícil apreciar el resultado de este trabajo.

La segunda parte, a cambio fue recibida con los olés del público, anunciando una serie puramente flamenca que empezó magníficamente con unos Tangos de Triana. Los guitarristas fueron particularmente brillantes en las falsetas del Garrotín. Este segundo momento representaba un homenaje a sus maestros, particularmente Mario Maya y Matilde Corral (presente en la sala). Isabel Bayón les hizo reaparecer en el escenario no sólo en su baile, sino también en unas grabaciones que no escatimaron en gracia y arte.

Bailó una Serrana con un traje tradicional, baile que se ve muy raramente, en la cual se destacaron especialmente los remates del cante. El espectáculo se acababa con una intención de llevarnos a una emoción extrema, lo que, a pesar de una grabación de Chano Lobato cantando por Cantiñas, que ella bailó con bata de cola, acudió más a la memoria y al respeto por los maestros que a la realidad emocional en el baile. Isabel Bayon se veía muy feliz por estar en el escenario con este homenaje, y acabó bailando por Caracoles, cuyas letras fueron reescritas, rindiendo claramente homenaje a sus tres maestros, lo que animó a Matilde Coral hasta tal punto, que pronto no se oían más que sus oles llegando del fondo del escenario.

Ambas mujeres, Matilde e Isabel, se pasaron, por cierto, una noche magnífica.

Manuela Papino

Fotos: Luis Castilla / Archivo Fotográfico Bienal de Flamenco


"Dunas" era un espectáculo extremadamente esperado en esta Bienal de Flamenco de Sevilla. Coproducción de Dans Festival Explanade Teatro the Bay (Singapur), INTEREG Festival de Temporada Alta (Girona), Festival Les Estivales Perpignan, Les nuits de Fourvière de Lyon (Francia), De Sadler Wells de Londres, Festival de Otoño Madrid, Festival Mawazine rythmes du monde (Marruecos), y de Teatre Auditori de Sant Cuga, lugares avalando a priori su calidad, Dunas representaba sin embargo, en este contexto, un verdadero desafío frente a un público sevillano que reivindica todavía mayoritariamente " un flamenco puro ", aceptando poco las "excentricidades"... eso quizás hasta este año, porque Dunas ha tenido la aprobación de todos.

"Dunas"

2 de octubre / 20h30 / Teatro de la Maestranza

Coreografía, Dirección, interpretación: Sidi Larbi Cherkaoui, María Pagés

Música original: Szymon Brzoska, Rubén Lebaniegos

Piano: Barbara Drazkowska

Cante: Ismael de La Rosa

Voz árabe; Mohammed El Arabi-Serghini

Guitarra: ‘Fyty’ Carillo

Violín: David Moñiz

Percusión: Chema Uriarte

María Pagés podía llevar la mayor responsabilidad en este marco de la Bienal flamenca, para algunos sin embargo, la espera recaía en Sidi Larbi Cherkaoui, de quien la reputación no queda por hacer aunque no pertenezca a "este mundo flamenco ". Para ambos el espectáculo representa, claramente, un trabajo asumido al igual, nacido de una " admiración mutua ". Lo cierto es que, aunque María Pagés obtenga, sin duda alguna, toda la confianza de la Bienal de Flamenco de Sevilla, esta creación confirmada por Cherkaoui y Pagés significaba un gran estreno, una "primera vez" en una programación claramente flamenca de un trabajo de color "contemporáneo". Algunos pensarán que " una primera vez" es una expresión muy exagerada, ya que es cierto que los espectáculos de "fusión" han sido numerosos estos últimos años, sin embargo la firma de un coreógrafo tan prestigioso como Cherkaoui y la reivindicación de no proponer " una fusión " sino un encuentro entre dos universos coreográficos, legitima la calificación, es cierto, un poco provocante.

De origen marroquí por su padre, flamenco por su madre, así se anuncia Sidi Larbi Cherkaoui con "Dunas" en el ámbito tan exigente del flamenco. Nos interrogamos, más por curiosidad que por escepticismo, sobre su aprendizaje previo del flamenco. A esto Cherkaoui no vacila en responder : " Para mí, el ritmo del flamenco era un verdadero reto porque es muy complejo. Pero es el ritmo del corazón, y todos tenemos un corazón que late, así que todos conocemos el ritmo. " Nuestra curiosidad se fue a más.

"Dunas" empieza con algunas notas de piano que acompañan un juego de manos entre velos ocres, color del desierto que será declinado a lo largo del espectáculo. " Una duna nunca tiene la misma forma, cambia constantemente con el viento, no tiene definición, " dice Cherkaoui, " es algo que se transforma constantemente. Era importante mirar nuestro baile, los movimientos, con esta libertad ". Con un dúo a cuatro manos, ambos danzantes se presentan, en la emoción del gesto efímero, la incesante transformación de las cosas, el deseo de perderse y encontrarse en el otro. Toda la primera mitad de la pieza desarrolla los talentos múltiples de Sidi Larbi Cherkaoui, desde su sentido del ritmo, pasando por capacidad de cantar, hasta el magnifico momento evocando su primera pasión : la pintura y el dibujo.

Con una puesta en escena de una belleza conmovedora, María Pagés baila, muy tradicionalmente, un solo por Siguiriya, mientras Cherkaoui la acompaña discretamente haciéndole compás, sentado en una esquina del escenario. La escobilla acaba con fuerza, anunciando el segundo cuadro que cautivará al espectador, con la declinación de la proyección en directo de los dibujos de Cherkaoui. Con una proyección, traza sobre la arena esparcida en su pantalla, líneas, que forman y deforman un Árbol de la Vida. Los largos brazos de Pagés se prolongan sobre la pantalla gigante del escenario, como un juego que parece inagotable. Al igual que los monjes tibetanos que trazan mantras sobre la arena, buscando el lado efímero de la creación que mantiene al hombre en una humildad necesaria, Cherkaoui propone una verdadera retrospectiva de toda su preocupación artística anterior y presente : desde la evolución del hombre, que simboliza con un primer ser humano andando a quatro patas, el segundo que se incorpora un poco, tal el dibujo prehistórico que se puede ver en los museos de arqueología, pasando por la meditación budista o la metáfora del cielo y del arraigamiento, hasta el amor y la muerte, o las torres gemelas de Nueva York. Nos acordamos entonces de sus preocupaciones existenciales, cuidadosamente desarrolladas en su tríptico "Fe" "Myth" y "Babelwords" hace algunos meses. Así es como vuelve a cuestionar el poder de la creencia, la espera vana del hombre providencial y sobre todo, la exploración del lenguaje y del espacio como vectores determinando cualquier relación humana. En Dunas, las tres iniciaciones están integradas : es una aceptación fluída de las transformaciones de la vida y de las relaciones que la puntúan, idas y vueltas existenciales : asistimos a una cruzada del desierto, una reconciliación de las dualidades humanas a través de la comunión de dos artes en los cuales el espacio está, aquí, magnificado.

Durante todo este trayecto al cual nos invita el espectáculo, pantallas sucesivas descienden sobre el escenario, simbolizando una proximidad, una profundidad humana en la cual se nos propone entrar. La última pantalla, muy cercana del espectador, da la impresión de un espejo en el cual se reflejan los juegos de manos del bailarín, un homenaje magnífico al flamenco, devolviendo el sentido al baile de las manos flamencas. Es verdaderamente curioso ver que es el mismo Cherkaoui quien más rinde "esencialmente » homenaje al flamenco, desde sus profundidades. Con su técnica contemporánea e hip hop restituye la innarrable identidad flamenca. Hasta en el cuadro siguiente, cuando canta en árabe para María Pagés, sigue en una verdad flamenca. ( Hasta entonces, María Pagés se queda en su sombra – viene a propósito ya que sus diferentes apariciones cuentan mucho con un juego de sombra y de luz - no se sube hacía esta fuerza y esta creatividad que propone su pareja. Se limita a una imagen repetitiva de la mujer, guapa, elegante y poética, discreta y etérea. Quizás tenemos que pensar que es una voluntad de subrayar los dos aspectos del ser, el femenino y el masculino, que poco a poco se irán reuniendo para reequilibrarse al final del espectáculo... Seguramente.) Así, como queriendo seguir desarrollando esta utilización de la luz y de sus opuestos, Cherkaoui empieza lo que en realidad es un solo, dando la ilusión de ser un dúo. Gracias a un dispositivo técnico juicioso e irreprochable, asistimos al combate de una sombra desdoblada, que le permite al propio bailarín bailar consigo mismo en directo. Es un momento verdaderamente notable y muy impresionante.

Viene luego un clásico del baile contemporáneo : la misma frase coreográfica, desorrallada en el espacio por el dúo Cherkaoui-Pagés. Mientras que María Pagés se quede siempre en su disciplina, tímidamente, Cherkaoui no vacila en entrar en el juego del flamenco : calza sus botas con clavos y asume muy dignamente los mismos taconeos que Pagés. (Lamentamos que la bailaora no hubiera cogido aquí la oportunidad de poner más fuerza y ritmo, y demostrar así el potencial y la complejidad del flamenco.) Así, si la performa técnica de Cherkaoui es notable, comenzamos a fiarnos menos, a veces, de la bailaora un poco repetitiva. Sin embargo es cuando llega su solo de castañuelas por Siguiriya, donde vemos una Pagés simplemente magnífica. Una ducha de luz en medio del escenario le entrega el total protagonismo, y ella se lo apropia con carisma y brío. Entra entonces un canto religioso en latín. Cherkaoui reemplaza sus zapatos claveteados por unos zapatos de calle, y el dúo mimético - él, mudo frente a los pies sonoros de Pagés - pone el énfasis muy juiciosamente en la importancia del sonido del taconeo en el flamenco.

Sigue entonces hábilmente con un trabajo en el suelo, donde demuestra muy sobriamente las calidades excepcionales que le conecemos, y así, flexibilidad y acrobacias traen un ritmo violento que subraya la evocación de la destrucción, así como esta fuerza incontrolable, inherente a nuestra condición humana, que pasa por constantes metamorfosis : la misma fuente de la Creación y de las creaciones. La espléndida música navega entre música flamenca, judía, clásica o aquí medieval narrando el camino de Santiago de Compostela, nuevo guiño al camino iniciático, magníficamente es interpretada por todos los músicos presentes sobre el escenario. La idea se transforma entonces por Soleá, en una improvisación coreográfica que trae la noción de libertad, a la vez fluida y peligrosa, y la llegada de las emociones incontroladas que surgen en el instante del encuentro.

Nueva evocación sutil del flamenco, que lleva en si mismo el eterno ensayo de las cosas de siempre, transfiguradas y sublimadas por la magia del instante. Asistimos entonces a un momento estupefaciente : Cherkaoui bailando al lado de María Pagés taconeando, golpea de repente el suelo de rodillas, al igual que la bailaora le martilla con sus pies. Al sostener la subida con tanta velocidad, las rodillas de Cherkaoui réequilibraban de repente, como un eco, la demostración previa de sus pies encerrados en un mutismo por sus zapatos de ciudad. El movimiento de su cuerpo se fundía con el sonido de los pies de Pagés en un momento simplemente genial. (Numerosos guiños puntúan constantemente las intervenciones de Cherkaoui que demuestra tener muy presente la actualidad, evocando a la mujer llevando un velo, por ejemplo, durante un momento de calma momentánea que sucede a un cuadro lleno de tensiones, sin perder en ningún momento la sensibilidad y la poesía.)

Anunciando suavemente el final, un gran velo reaparece, encerrando a Cherkaoui como un útero acoge a un feto. La imagen se mantiene algunos segundos para invitar de nuevo a la bailaora a un último dúo, magníficamente acompañado por Mohammed El Arabi-Serghini, que les murmura unos "Habibis" mientras que ambos, envueltos con voluptuosidad y sensualidad, se enrollaban poco a poco en un velo común, discretamente, como para no monopolizar la atención con lo visual.

La última imagen, un velo cayendo sobre ellos, no dejando ver más que una duna única en medio del escenario fue breve, y el público del Maestranza sin esperar, los aclamó durante unos largos minutos, de pie, realmente fascinados por lo que acababa de ver.

Una sola conclusión posible : "Dunas" es un gran momento que no se puede perder.

Manuela Papino

Fotos: Luis Castilla / Archivo Fotográfico Bienal de Flamenco





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