IX Larachi Flamenca: de más a menos...

Sábado 11 de julio de 2009 por Manuela Papino

El Larachí Flamenca que apuesta por los nuevos valores del flamenco, propuso, este año, tres actuaciones, que llegarán a Paris a la “Maison des Cultures du Monde”, el próximo mes de noviembre 2009. Fue la Peña Torres Macarena de Sevilla, la que acogió, este año, las tres noches del Festival.

La Peña fue fundada en 1974 por un grupo de amigos que contaban, entre otros, con Pies de Plomo, su hijo José de La Tomasa, “El Cabrero”, “El Chozas”, “Chocolate”, Pedro Bacán, etc, y eso hace de ella, hoy día, una de las Peñas de Sevilla, guardiana de la calidad y de la tradición. Torres Macarena suele acoger concursos y homenajes, en colaboración con las instituciones locales. Su ética estricta viene acompañada de su hospitalidad, las buenas tapas que proponen, el caluroso patio acogedor y la decoración muy cuidada, que se puede apreciar como una verdadera lección de historia del flamenco.

La apertura del Festival, el 10 de junio, se hizo a cargo de Antonio Molina “El Chorro” y María Moreno al baile, acompañados por Miguel Rosendo y Javier Rivera al cante y Juan Campallo a la guitarra. El espectáculo empezó por Siguiriya, con el cante de Javier Rivera, seguido de Miguel Rosendo, acabando con una polifonía al “estilo Morente”, invitando al baile. En un dúo coreografiado por completo, María Moreno - bailaora que se ilustra principalmente en la compañía de La Hierbabuena - y “El choro”- que, con sus 24 años, colecciona las actuaciones con las más grandes figuras - nos ofrecieron esta Siguiriya, fuerte y segura, y sin embargo con poca emoción. Rivera cantó por Tientos y la primera parte se acabó con el baile por Alegrías de María Moreno, que reveló una estética rica, muy expresiva, y una técnica y una fuerza de pie impresionante, mandando en cada momento hasta hacer callar el cante y la guitarra antes de empezar su escobilla. La mirada aguda, la hechura seductora, se impuso con convicción y simpatía. Echando toda su impulsividad y su sinceridad, se entregó sin reserva dejando entender al público que podría ser una de las grandes figuras del baile flamenco femenino de mañana. Utilizando los recursos de la maestra Eva, se percibe sin embargo, cuando llega a abandonarse a su voz interior, un discurso propio y peculiar que hace de esa joven artista, la promesa de ser algún día, una figura.

La Peña contaba ese día con todos sus aficionados, que no tardaron en entusiasmarse por la segunda parte del programa. Nada más empezar su cante por Soleá, Miguel Rosendo se llevó el “olé” de la afición. Emocionó, y subió el nivel que no bajó hasta el final del espectáculo. El baile del “Choro” fue potente, suyo, muy flamenco, acompañado por la guitarra de su gran amigo y cómplice Juan Campallo. El baile del “Choro” no es antiguo pero lleva toda la tradición asimilada, no es tampoco moderno, pero respira la influencia de la estética de otros maestros; tiene un estilo propio que lució, esa noche, con mucho aire y temple. El baile del “Choro” tiene la esencia de los que pueden permitirse dudar en un escenario, porque de ahí nace el arte, de ahí se recupera la fuente segura y pura, que, a la hora de la verdad, nos deja con la boca abierta. Vinieron algunas figuras del flamenco especialmente para verle bailar, entre ellas, Carmen Ledesma que dijo sin equivocación posible: “Ha bailado muy bien “El Choro” ". La noche se acabó con un fin de fiesta por Bulerías, apogeo de ese cuadro de jóvenes con mucho arte.

Las dos noches siguientes del Larachi, no estuvieron a la altura de la primera. El 17 de junio, se presentaban la cantaora sevillana Alicia Acuña, con el guitarrista Raúl Cantizano. Alicia Acuña y Raúl Cantizano tienen una larga experiencia como profesionales, y sin embargo no convencieron del todo. El guitarrista empezó por Taranta, con su toque moderno, suave y bonito. A pesar de la dulzura de su música, la emoción se quedó contenida, dando una impresión agradable y a veces demasiado desdibujada. Con emoción Alicia Acuña recordó la Peña Torres Macarena diciendo: “Nací aquí prácticamente, y de mi época de baile, tengo muchos recuerdos.” Empezó por Soleá, presentando su peculiar voz grave y potente. En las Alegrías, la falseta cortó la respiración inicial del cante, que la cantaora tapó con un “Olé” y no supieron encontrar el aire alegre de la Bahía. Se quedó pesado. En la Malagueña, el guitarrista a pesar de toda su técnica y su delicadeza fue un poco flojo y la fuerza de la voz de Alicia Acuña que parece a veces superarla, encontró una dulzura aflojada que no hizo más que alumbrar una esperanza. Los Tangos se quedaron también con un compás sin sal, que no convenía al estilo.

Fue en la segunda parte, después de la Siguiriya, cuando Alicia se atrevió a cantar una Milonga, fusión de “Chacón y tradición argentina” dijo ella, y, efectivamente, cante y guitarra se iluminaron con colores argentinos. Aprovechó muy bien los matices graves de su voz, y la guitarra profunda y suave a la vez, nos hizo por fin viajar. Los agudos, hasta ahora escondidos de Alicia, se revelaron muy peculiares, recordando sus cantes con la Orquesta Chekara que se complementaban de forma tan bonita. Volviendo al flamenco con los Tanguillos, se perdieron los agudos, y la guitarra a pesar de ser muy buena, con unas falsetas originales, no pudo hacer más por Cádiz. Acabaron con unos Cuplés por Bulerías. Salió bien la Copla de moda, pero no gustó al público en espera de un repertorio más puro. Alicia Acuña tiene un trabajo muy interesante, con unos espectáculos de flamenco experimental y con la escuela de los niños flamencos con síndrome de Down; sin embargo, si el timbre de su voz es interesante, su repertorio actual la luce más en un registro worldmusic que flamenco. En esa segunda noche del Larachí, el repertorio, quizás, no correspondía al contexto ¡ qué pena!

En la última noche del Larachi, el 24 de junio, actuaban Noelia Saborea al baile, Antonio Carrasco y Kilo Ramos al cante, y Antonio Peralta “El Cuco” a la guitarra. Poco que decir. El cuadro jugó la carta “tablao”: lunares, baile con efectos, compás seguro...sin sorpresa. Una vez más, se esperaba otra cosa. Sin embargo, hicieron un buen fin de fiesta, con compás y ganas, consiguiendo, al final, que se levantara el público.

Manuela Papino

Fotos: M. Papino, M. Vaquero, J. Kelhetter (flamencoweb.fr)





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