Olga Pericet : "La espina que quiso ser flor"

mardi 11 février 2020 par Claude Worms

París, Teatro de Chaillot / 30 y 31 de enero de 2020

Foto : Paco Villalta

Dirección artística y coreografía : Olga Pericet

Puesta en escena y dramaturgia : Carlota Ferrer

Asistente de dirección y asesoramiento coreográfico : Marco Flores

Dirección musical : Olga Pericet y Marco Flores

Música : Antonia Jiménez y Pino Losada

Espacio sonoro : Pablo Martín Jones

Luces : Gloria Montesinos

Sonido : Ángel Olalla

Vestuario : Ana López Cobos

Baile : Olga Pericet

Cante : Jeromo Segura y Miguel Lavi

Guitarra : Antonia Jiménez y Pino Losada

Colaboración especial (palmas y baile) : Jesús Fernández

Foto : El País

Una espina gigante de un verde fosforescente y que traza un arco da la bienvenida a los espectadores antes de que dé comienzo el espectáculo. Su sombra dibuja una diagonal en el suelo, un eje arquitectónico sobre el que se centrarán los cuadros, con unos decorados que consistirán únicamente en sillas y una mesa - que alternativamente será mesa "flamenca" para los músicos (cante, guitarras, nudillos, etc.), cama o tablao para el baile. "La espina que quiso ser flor" es evidentemente un relato onírico en el que todo está permitido, especialmente la yuxtaposición de contrarios : belleza y fealdad ; drama, comicidad por la reiteración y sátira graciosamente irónica (los excesos expresionistas que con frecuencia excesiva caracterizan el baile surgen brevemente, con la dosis justa de sobreactuación, en las coreografías más canónicamente tradicionales) ; femenino y masculino ; luz y oscuridad, etc. Sobre su última creación, que obtuvo el Premio de la Crítica en su estreno en el Festival de Jerez en 2017, Olga Pericet dijo que pretendía "transformarse en varias mujeres de diversas generaciones y establecer una armonía entre el baile y la performance, una vía de diálogo entre el flamenco más ortodoxo y el lenguaje teatral", lo que sin duda ha dado lugar a su colaboración con Carlota Ferrer, cuya puesta en escena logra fusionar con fluidez los contrastes de géneros y contextos sin llegar, no obstante, a disolverlos, y con Gloria Montesinos (luces), de quien ya destacamos el tacto y el rigor estructural a propósito del "¡Fandango !" de David Coria y David Lagos.

Foto : La Voz del Sur

El prólogo en solitario, entre pantomima y baile con comentarios en forma de monólogos murmurados sobre música enlatada, es un montaje de breves escenas de dibujos animados que nos relatan lo que Olga Pericet podría haber sido de haberse realizado sus sueños infantiles : el baile "respetable" para empezar, el de la escuela bolera, del que nos hace una demostración impecable (falda bolera y castañuelas incluidas) sobre una malagueña interpretada por una orquesta de pulso y púa (guitarra, laúd, bandurria y percusión) como describiera Estebánez Calderón en sus "Escenas andaluzas" (1846). Pero, ¡ay !, la joven sufre el asalto repentino de una avalancha de zapatos y escarpines de todas clases que caen al escenario en una metralla de percusiones. Colgando el vestido de la espina gigante transformada en perchero, en pantalones piratas y camiseta y con tacones de aguja, ensaya un baile moderno de tipo mambo antes de recorrer el escenario a cuatro patas para hacer un zapateado con cuatro zapatos (pies y manos) en el que se distinguen algunos fragmentos de escobilla por alegría (sin acompañamiento musical). Su vocación de futbolista también se ve frustrada "por falta de coj..." (un gesto discreto, pero elocuente), aunque marque un gol de antología con una zapatilla por balón, debidamente aclamado por los hinchas. Tampoco se convertirá en el valiente sheriff de los spaghetti westerns que veía en familia (zapatos-revólver y música de Ennio Morricone - "Per qualche dollaro in piú"), de manera que vuelve a sus queridos estudios : el baile, entre primera bailarina de revista con una tórrida balada de jazz (zapatos ocultos en el pecho para alcanzar el volumen adecuado) y bailaora flamenca, con un escandaloso balanceo de caderas al estilo del tablao (tangos, que ella misma canta mientras baila - los famosos "¡Triana, Triana !" o "Peines de azúcar"). Después de una breve tentación torera (por momentos en versión hip-hop) - con brindis al público, zapato-montera, falda bolera convertida en muleta y trofeo (dos orejas-zapatos, pero,¡ay !, una vez más "falta de...") -, opta finalmente por volver modosita a la danza bolera : “la ley de la gravedad es dura, pero es la ley”, como cantaba Georges Brassens... Llevada sobre la mesa, se queda dormida tranquilamente. Paso a los sueños flamencos : se despierta convertida en rosa por una bata de cola roja, sobre una granaína de circunstancias ("Fue porque no me dio gana, rosa si yo no te cogí...") - bella introducción de Antonia Jiménez y cante límpido, finamente cincelado, de Jeromo Segura, adornado con algunos giros morentianos dignos de la composición de Antonio Chacón. Cabe destacar a este respecto que la mayoría de los textos están elegidos juiciosamente, y desarrollan con coherencia la metáfora floral, incluso gallinácea... (véase más abajo). No podemos sino alegrarnos de que ahora se esté prestando atención a las letras, que sirven de hilo conductor a un número creciente de espectáculos coreográficos - "Lo Real", de Israel Galván, fue una obra pionera en este ámbito.

Foto : Paco Villalta

Nos hemos detenido mucho en la descripción de este primer cuadro porque nos parece que condensa en un cuarto de hora las líneas de fuerza de lo que sigue : humor (aspecto que sigue siendo demasiado raro en los espectáculos de baile flamenco), energía exuberante y alegría de bailar, seguidas de momentos de recogimiento introspectivo ; evocaciones distanciadas de estilos de danza históricos, de sus cualidades y de sus inconvenientes ; sátira ligera de los tópicos usuales del baile de mujer y de las características codificadas del baile "de mujer" y "de hombre", etc., sin olvidar el estilo de Olga Pericet : dominio total y virtuoso de todas las técnicas de baile, desde las más tradicionales hasta las más contemporáneas, ejecutadas con exquisita serenidad hasta en los remates más frenéticos. Seguiremos, pues, el curso del espectáculo, sin más comentarios :

_ después de la granaína, bulerías a capella (mano a mano de Miguel Lavi y Jeromo Segura). Al final del último cante, los dos guitarristas (Antonia Jiménez y Pino Losada) entran sin transición, con un enérgico picado, por tanguillos (modelos melódicos clásicos de los tanguillos de Cádiz), seguido de tangos de Cádiz (primero "La tienes que venerar...", tan apreciado por el Flecha de Cádiz o Manolo Vargas, entre otros), con un intercambio de cañas con espinas entre Miguel Lavi y Luis Fernández, que baila toda la escena en solitario : primero pataítas y desplantes gaditanos, simulando artísticamente la improvisación de bailes en corro, desarrollados a continuación al estilo de tablao de categoría. Final sobre un alzapúa torrencial de los dos guitarristas.

_ Olga Pericet se despierta al son de un ayeo polifónico de los dos cantaores, que introduce un combate a dúo gallina/gallo por bulerías con letras adecuadas (Miguel Lavi). El episodio recordará naturalmente a los aficionados el tropismo gallináceo del flamenco : las bulerías jerezanas, las de Antonia Pozo popularizadas por Antonio Mairena y otros, o la pasión de Manuel Torres por las peleas de gallos. Las pausas en el duelo erótico de zapateados están marcadas por mímicas, deliberadamente obvias, en los movimientos de brazos (las alas) y cabeza.

_ para las alegrías con bata de cola, Olga Pericet se presenta como una niña de menuda estatura, lo que se subraya con un efecto óptico, al estar los músicos de pie encima de la mesa y las sillas, una niña superdotada que descuella en los códigos de la escuela sevillana, de la que se emancipa a continuación durante un "silencio" (Pino Losada) coreografiado de la manera más contemporánea (magníficas posturas arqueadas hacia atrás). Y después, vuelve a dormirse en voluptuosas volutas de braceos y trémolo.

Foto : DeFlamenco

_ despertar a todo volumen con un pasodoble enlatado, intercalado con los dos fandangos del Gloria interpretados a capella por Jeromo Segura y Miguel Lavi, recorriendo el escenario de perfil (de izquierda a derecha y vuelta) ; ya habíamos escuchado anteayer estas dos composiciones en el "¡ Fandango !" de David Coria y David Lagos, en interpretaciones muy diferentes pero también admirables, lo que demuestra una vez más la extrema maleabilidad de los cantes del repertorio tradicional. El ensamblaje de cuplés y cantes (sobre todo si se trata de fandangos) recuerda la época de las zambras escénicas al modo de Manolo Caracol. Un pregón de vendedor ambulante de flores sirve de transición con el siguiente cuadro...

_ ... una serie de cantes por soleá (fandangos de Manuel Torres y José Cepero por Miguel Lavi y soleá de Charamusco por Jeromo Segura). Con chaquetilla torera, Olga Pericet nos trae a la memoria la violencia de las escobillas de Manuela Carrasco en este palo, no sin algunos sabrosos saludos a los tendidos. En lugar del accelerando final, prolongadas bulerías bailadas sobre la mesa, idiomáticamente trianeras : zapateado, posturas con los brazos hacia adentro, balanceos de las caderas, etc.

_ un solo de guitarra de Pino Losada (danza mora que mezcla falsetas de Sabicas con armonizaciones personales) es el preludio, juiciosamente elegido, a un homenaje a Carmen Amaya por guajira. Con los pantalones y chaquetilla característicos, el ardor de los zapateados de Olga Pericet no tiene nada que envidiar al de su modelo, y sustituye con originalidad a los juegos de abanico y mantón típicos del género. De las coreografías tradicionales mantiene solamente las castañuelas y los movimientos de piernas en trampantojo (alzar el vestido... pero en pantalones). La selección de cantes es un último guiño, con un ensamblaje de finales en falso : en primer lugar, guajiras tradicionales ("Contigo me caso indiana..." ; "Con mi potrito entré...") - ¿ anunciaba esta última la enigmática máscara que atravesaba el fondo del escenario durante la danza mora ? -, seguidas por los cantes del Piyayo (que son en realidad unas guajiras adaptadas al compás de tango, aquí devueltas a su ritmo original). El accelerando que cierra el último cante, seguido de una presentación silenciosa de los músicos, desencadena una primera salva de aplausos, pero... Tres chasquidos de los dedos reanudan la pieza con la cabal del Loco Mateo (es sabido cuánto pueden aproximarse los acompañamientos de las guajiras y las siguiriyas cabales en las grabaciones de principios del siglo XX), ejecutada con un tempo infernal. ¿ Final ? Todavía no...

Foto : Paco Villalta

... en marcado contraste con lo anterior, un último dúo de baile/guitarra (Olga Pericet/Antonia Jiménez) cierra el espectáculo con una estampa cordobesa. Sobre una bellísima interpretación de la soleá de Julián Arcas, la bailaora encarna los iconos femeninos de Julio Romero de Torres. Envuelta en una especie de casulla azul, descubre hieráticamente el pecho, o una pierna, para terminar rompiendo simbólicamente el tópico de la mujer andaluza melancólica, voluptuosa y tentadora, tan manido entre los intelectuales de la generación del 27. Transformando rápidamente la casulla en vestido resueltamente contemporáneo, Olga va a buscar dos copas al borde del escenario, brinda con Antonia y luego a la salud del público. Telón.

Solo la excesiva duración de alguno de los números podría hacernos formular leves reservas en esta crítica. El ritmo del espectáculo sin duda saldría ganando si se acortaran ciertas escenas : el dúo de la gallina y el gallo, las bulerías bailadas sobre la mesa, o las escobillas para las guajiras. Pero eso sería pedirle a Olga Pericet que olvidara por momentos su generosidad y su disfrute del baile comunicativo. Además, la variedad complementaria de los estilos de los cuatro músicos, todos excelentes, subsana lo que podrían parecer redundancias coreográficas : Miguel Lavi y Jeromo Segura (patrimonio de Manuel Soto "Sordera" en el caso del primero, de Enrique Morente el segundo) ; la vigorosa escuela de Caño Roto de Pino Losada y el impresionismo flamenco de Antonia Jiménez.

La paráfrasis de Lewis Carrol con la que Silvia Calado subtitula su reseña para nuestros compañeros de Globalflamenco.com nos parece una definición exacta de "La espina que quiso ser flor" : "Olga en su País de las Maravillas".

Claude Worms

Traducción : Jesús Iglesias





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