Silvia Cruz Lapeña : "Crónica jonda"

mardi 28 août 2018 par Mario Herrero

Silvia Cruz Lapeña : "Crónica jonda" (216 páginas) - Libros del K.O., Madrid, 2017.

Portada del libro - Diseño : Martin Elfman

Al leer “Crónica Jonda”, de Silvia Cruz Lapeña, me vienen rápido a la cabeza las palabras que decía Charles Bukowski sobre Ernest Hemingway. Para quien no los conozca, o no los conozca en profundidad, creo que es necesario explicar que tanto Bukowski como Hemingway eran dos escritores destacados por la acidez, la precisión y la contundencia de sus pensamientos sobre la vida, y también por la sobriedad con la que escribían. Frases cortas y tajantes. El mismo Bukowski decía “los grandes novelistas no me parecían demasiado difíciles […] lo que me fastidiaba de todos ellos es que les llevara tanto lograr decir algo lúcido y/o interesante […] yo sólo sé que podía decirlo en menos palabras”. El caso es que Hemingway y él eran así, y tenían esos estilos fanfarrones y crudos parecidos, y era inevitable que se les comparara. Sobre esta misma cuestión, el mismo Bukowski, tirando de un álter ego en uno de sus libros, aprovecha esta comparación continua y escribe sobre Hemingway, aprovechando para explicar en qué se considera diferente a él :

“Buen escritor, finas sentencias. Pero no se relaja, no se divierte, no se deja llevar, no juega con la vida. Siempre está en guerra, siempre está enfadado, nunca está tranquilo”.

No sé si éstas son exactamente las palabras, porque recuerdo el concepto pero no tengo el texto a mi disposición (ni lo encuentro en Internet). Pero el sentido de lo que decía era básicamente ese : que Bukowski, a pesar de toda la lucidez de sus pensamientos, y de su ironía fina, muchas veces se olvidaba de todo esto y volvía a creer que el mundo era bueno, se dejaba llevar, confiaba, o se reía de la vida, sabía que era mala pero se reía con ella, era más disfrutón, más hedonista, más inconsciente. Hemingway, en cambio, no era capaz de olvidarse de lo malo, de que el mundo estaba rodeado de veneno y guerra. Bukowski, para su desgracia, lo recordaba muy a menudo. Pero es que Hemingway no se olvidaba nunca.

Foto : RTVE.es

Y aquí llega la comparación con la autora ; no es que tenga un estilo bukowskiano o hemingwayano (por así decirlo) ; las afiladas y reveladoras sentencias de Silvia Cruz Lapeña son crudas, pero tienen más sentido estético, más efecto artístico. Así y todo, como dice Bukowski de Hemingway, ella “no se relaja”. No se fía y no se confía. Escribe siempre desde la mirada lúcida y desafiante de quien sabe cómo funcionan los mecanismos internos de la sociedad y que lo último que puedes hacer es creer lo más mínimo en ellos. La hipocresía, los amiguismos, la doble moral, los mercados. La verdad es que no puedes relajarte ante nada de eso si no quieres acabar formando parte de su juego. ¿Y qué tiene que ver esto con un libro sobre el flamenco ? Pues que este libro no es un recopilatorio técnico, histórico o ensayístico sobre el flamenco, ni es una novela, ni es un poemario, ni es un libro de crítica. Es mitad libro de experiencias (“road movie”, lo cataloga la propia autora) mitad libro periodístico.

Periodístico. Es eso de lo que se olvida Bukowski. Se olvida de que Hemingway no sólo era escritor. También era periodista. Y los periodistas no pueden permitirse esa escritura inocua, simpática, juguetona, del que escribe para que los otros compartan sus emociones y sus vivencias, para divertir o para entretener. Ni siquiera para emocionar o para enamorar. Ella misma lo dice : “creerse ciegamente lo que alguien cuenta y elogiar sin matizar y con locura son cosas que solo se hacen por amor. Y yo no escribo por eso”. Escribe para revelar la verdad, para iluminar. Para (y es básicamente lo mismo pero tiene un matiz más turbio y obsceno, y por lo tanto más de la realidad social que vivimos) destapar.

De acuerdo, es un libro periodístico de flamenco, ¿y qué tiene que ver todo eso con un libro periodístico de flamenco ? Pues que este libro, en forma de aventura flamenca y conjunto de vivencias flamencas de una mujer que ha escrito y reseñado el flamenco desde hace ya unos cuantos años, lo que hace no es solamente hablarnos de flamenco ; es hablarnos de la sociedad en la que vivimos, a través de su música. Ella misma lo define también (y tan bien) : “La autora cree que ninguna música se entiende sin su contexto, aunque a ratos bifurcó el camino y empleó el flamenco para descifrar el país en el que vive y a sí misma”. Es decir, normalmente estudiamos las músicas en función de las sociedades ; la música brasileña es así y asá porque la cultura de Brasil y la gente de Brasil es así y asá... Pero ella hace al revés ; desde el estudio del flamenco, va desgajando el estudio de su sociedad. Por eso “Crónica Jonda”, que narra las experiencias flamencas de Silvia Cruz en Barcelona, Córdoba, Madrid, Sevilla, La Unión, Jerez y Ámsterdam, nos habla del fallecimiento de Paco de Lucía, del baile de Israel Galván, de Mayte Martín y su crowdfunding o del toque privilegiado de Renaud Garcia-Fons, pero también nos habla de la falta de personal en los hospitales, del porcentaje de paro, de las estafas periodísticas, del precio medio de los conciertos en España, de tocar gratis o de pagar caras las palabras. De todo un poco. Y todo está entrelazado y relacionado, porque la música es la sociedad y la sociedad es la música. Y ambas a veces dan la impresión de que están muy enfermas y a veces dan la impresión de que son increíblemente hermosas.

Foto : Alberto Gamazo

Por eso cuando la autora llega a emocionarse de veras, o a dejarse impactar o sobrecoger por algo, realmente tiene más valor que cuando lo hace cualquier otro. Bobote, las palmas de Concha, el cante de Jony Cortés, el deseo de ver llover en el Mauri… momentos de complicidad, de asombro, de admiración, de amor. Pequeños oasis. La belleza de los sentimientos entendida como un acto de rebeldía, de supervivencia. Y no hay nada que tenga más valor que sobrevivir y sobrellevar.

Así que si quieren un libro con el que confiar en el poder de la música y el poder de la sonrisa y la alegre felicidad de los flamencos, no lean “Crónica Jonda”.

Pero si quieren un libro que busque la verdad le pese a quien le pese, y que indague en el flamenco le pese a quien le pese, lean “Crónica Jonda”.

Y si quieren un libro para emocionarse por todo sin más criterio que el de que todo es hermoso y la vida es un milagro continuo que hay que agradecer, no lean “Crónica Jonda”.

Pero si quieren un libro que admita que los milagros son milagros por eso mismo, porque parecía imposible que ocurran, pero ocurren a pesar de tenerlo todo en contra, lean “Crónica Jonda”.

Si quieren hacer fotos a frases bonitas sobre el flamenco para subirlas a sus redes sociales y que todos estén cómodos y contentos con pensamientos generales que comparte todo el mundo, no lean “Crónica Jonda”.

Pero si quieren frases que les peguen fuerte y les descoloquen, que les hagan quedarse atravesados en el sitio, lean “Crónica Jonda”.

Si quieren “qué bonito y mágico es el flamenco”, no lean “Crónica Jonda”.

Pero si quieren abrir el flamenco por dentro como el que le abre y le escarba en las entrañas a un paciente en quirófano, ya pueden empezar a leer “Crónica Jonda”.

Ustedes deciden.

Mario Herrero Monreal





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